sábado, 5 de septiembre de 2009

Premiando la lealtad

Son las 5 de la mañana, seguro subiré este post al blog hasta mañana por que hay que dormir, pero la maleta todavía no está ni empezada y es buen momento para platicar con las compañeras que viven en medio oriente y que también van a Paris.

Es difícil entrar a mi maleta, es como querer entrar a una disco de esas mamonas de Monterrey, tienes que ser especial, significar algo, tener una misión (como la camisa del Pinto) o representar algo Mexicano para tener tu lugar en esa maleta, ya que no quiero llevar dos maletas. Esta vez quiero que todo sea “rápido y sin dolor” y no como hace tres años donde llevaba una maleta de 23kg en cada mano, una mochila de 10 en la espalda y la Lap-top sobre el cuello… en pocas palabras me auto-crucificaba en cada vuelo.

Siempre he dicho que soy una persona que premia a la lealtad, y castiga la traición, es una de mis frases patentadas y tal vez no de la manera violenta o inmadura, pero esa frase siempre la llevo en mi mente.

Pero ahora dentro de esta maleta me doy cuenta que literalmente ese pensamiento con el que trato a las personas lo reflejé con dos objetos que será muy especiales durante este viaje.

“No te preocupes, antes de que te vayas compramos otros y listos” me dijo mi mamá en referencia a mis tenis de “Hooligan” favoritos. Quien se jacte de conocerme y ser observador (o no ser miope como yo) se dará cuenta que soy todo un Bart Simpson, uso mis pantalones de mezclilla y mis tenis blancos y desgastados casi todos los días, pero esta vez mis viejos tenis no aguantaban otro viaje como este, estaba despintados, sucios y desprendidos.

Nunca olvidare cuando un niño de 13 años en Francia me dijo: “Javi, estos tenis han estado en más países que tu y yo juntos, han ido a todos los países que visitamos… y además están hechos en China”.

Estos tenis me han sido fieles, ¿Por qué? Porque son parte de mi atuendo típico para ir a los partidos, y juntos corrimos varias cuadras en el estadio Jalisco, nos hicimos de palabras caminando hacia atrás con borrachos chivas en la minerva, y sobretodo bajamos la colina de Tonalá en las finales de un torneo justo antes de que la porra del Atlas (alrededor de 150 ese juego) llegara hacia donde estábamos.

Soy de esos tipos que le tienen fé a lo que todos consideran como acabado (gran fanático de la última película de Rocky) y que piensan que los segundos aires son mejores. Ya conozco la violencia de los estadios en Europa, y mi seguridad (porque para mí la seguridad no tiene que ver con no usar la playera o la bufanda, sino en cómo te muevas) no la voy a depositar en unos PUMAS de 1200 pesos (muchos dirán, IDIOTA cómprate los tenis).

Por lo que con 100 pesos me fui a la reparadora de calzado de la catedral. “Respeta lo negro y la franja, píntalos de blanco, pega la lengüeta y déjalos como nuevos”.

Necesito experiencia para este viaje, además a mis viejos les tenis le vendrá bien conocer los estadios y correr por calles menos accidentadas, vamos a ver qué tal nos va.

El segundo objeto tiene una historia parecida, es mi primera bufanda del Paris Saint Germain. A cada estadio o ciudad a la que voy me traigo una bufanda de sus equipos para mi colección, y del Paris Saint Germain tengo muchas, sin embargo, a las grandes citas siempre va la misma bufanda vieja, la primera que me dieron en Francia.

Y no soy raro, todos los demás “Supporters” (aficionados de la curva norte o sur del estadio, los hooligans) usan la misma bufanda, unos de partidos especiales del equipo, otros por el color o por la temporada que significó para ellos, etc.

En mi caso, mi bufanda es especial, no es por ser poético, en verdad es especial… esa bufanda es mi consciencia dentro de un estadio o una calle en Francia, y sobre todo tiene un atributo que muchos humanos quisieran tener: salvó una vida.

En una ocasión, durante una final en Paris entre el PSG y el Marsella (algo así como Chivas contra América, o más bien Israel contra Palestina) me ví rodeado de dos vagabundos cerca de Montparnasse, que no paraban de insultarme, tenían un perro y escupían al piso, hasta que crucé una calle y me metí a al Metro con dirección a Tullerías. En esa estación fui parado por un Policía, que me preguntó que si iba a ir al partido y de inmediato me quito mi bufanda, diciéndome que el nudo que llevaba era un insulto provocativo.

“No es posible, hasta los nudos significan algo como los Boy scouts”… me agarro la chamarra como niño chiquito, me amarró correctamente la bufanda y me dijo “No vayas en Metro, esta noche los de Paris llegan en RER que conecta con la línea de camión, y los de Marsella llegan en Metro desde la Gare, no se van a enfrentar en el estadio”

Ya en la explanada eso era una fiesta, yo tenía mi bufanda con el nudo del principio y mentaba madres marsellesas junto con todos los supporters de parís que estaba ebrios y tirando piedras por el puente a cualquier carro con bandera de Marsella. El estadio estaba dividió en una cabecera para cada uno de los bandos y la zona de en medio era neutral, las puertas venían de la A la Y.

Cuando me dirijo a comer a la zona neutral (un Quick) veo a un señor muy impaciente y un niño de raza negra (negrito pues) con la chaqueta de su papá que le quedaba súper grande y siempre mirando hacia adentro de ella. El señor tuvo la confianza de decirme que era la primera vez que llevaba a su niño al estadio y que estaba muy nervioso, que tenía que atravesar el estadio y los Parisinos tenía bengalas listas para lanzar cuando llegaran los de Marsella.

Me quedé paralizado cuando veo que debajo de la chaqueta el nene tenía un trajecito del Olympique de Marsella. Una hora antes salía en TF1 (como televisa francesa) con la bola de parisinos quemando una bandera robada de Marsella, y ahora teníamos que mover a un nene por esa horda de borrachos a los cuales admiraba y repudiaba a la vez.

Yo le dije que era mexicano y que si quería cruzábamos la curva norte los tres con mi Bufanda extendida, entonando los cánticos como para pasar desapercibidos, pero que llegando a la zona sur el niño se quitaba su chaqueta, me la pasaba a mí para ocultar la bufanda y me acompañaban hasta la última parte de la zona sur que fuera neutral para darle yo TODA la vuelta y volver a la zona X.

Y así canté Ville Lumiere durante toda R S T U V… llegando a la H me empanizo en la chamarra y los negros cantaban la Marsellesa, tous unís y Paris capitule.

En una tarde un pedazo de tela me enseñó lo complejo que podemos ser las personas por el futbol, pero que siempre hay un punto de retorno entre el fanatismo y ayudar a las personas.

Mi bufanda y mis Tennis ya están en la maleta esperando volver al Parc des Princes o agarrar el TGV para ir a Toulouse a ver al PSG, pero lo que sí es seguro es que conocerán a Jorge cuando juguemos en Diciembre contra Bordeaux.

Por hoy que descansen en la maleta, hoy es un día de zapatos y buen vestir, ya que un hermano no se gradúa todos los días.

¡Saludos a todos!

1 comentario:

  1. Hola javi! recuerdo cuando me contaste esa historia... gracias por compartirla con todos (: es algo muy bueno que nos des cuentes tus piñaventuras europeas ;D
    disfruta mucho tu nuevo viaje y gana mil y un experiencias, pero nunca te olvides de nosotros. te queremos javi!!

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