lunes, 7 de septiembre de 2009

El valor de la amistad… ¿Dónde guardamos ese chip?

Antes de empezar esta entrada se me vino a la mente compartir una canción acorde a lo escrito en cada publicación del blog, ¿Por qué? Porque la música y sus letras no son más que el reflejo de nuestros sentimientos, además que algunas personas me preguntan de dónde saco tal o cual canción y tal vez en alguna entrada encuentren una canción que les guste o se sientan identificados según sea el caso, bajando la canción (o escucharla en youtube) y su letra.


El valor de la amistad… ¿Dónde guardamos ese chip?

Canción: One Blood
Artista: Terence Jay

Ya estoy en el Distrito Federal con mi visa en mano. Después de unos cuantos reproches del guardia del consulado e impaciencia generalizada, ya que las personas siempre esperan que hagas todo rápido, pero en los viajes nunca debes de dejar que nadie te presione, tienes que hacer las cosas con calma, relajado y bien hechas.

Por suerte salí en menos de 10 minutos y me pasé el resto del camino cantando “Aint no mountain higher, aint no valley low enough” con mi prima y me tocó ver esas cosas que sólo se ven en el DF, como un atropellado inmovilizado en medio de Paseo de la Reforma mandando mensajes de texto por su celular mientras era atendido por la policía.

Parte de esa alegría no era tanto por tener la visa, ya que siempre hago todo “in extremis” como venir por la visa solo unas horas antes de irme y estoy acostumbrado a que las cosas salgan así. Es parte de mis frases cargadas de autoestima, igual puedo entrar al examen sin saber un carajo y no sé cómo, pero sé que me irá bien. Esa misma actitud formó parte de este intercambio, todo al último, sufrido y hasta influenzado, pero bien hecho (falta que me deje el avión jaja).

Más que eso, la alegría venía patrocinada por mis amigos, ya que de improvisto se organizó una reunión y despedida en mí casa.

Siempre Hay eventos importantes como cumpleaños, fiestas, bodas y demás, pero desde que conocí el valor de la amistad, sé que puedo faltar a todas esas cosas, pero hay dos en las que siempre debo estar: una despedida y un funeral de alguien querido por mi amigo. Todas las demás quedan en un simple “wey no fuiste al cumpleaños”, pero conoces a tus amigos cuando te dan un abrazo que no tendrás en mucho tiempo, o bien lo ves llegar primero que tu a levantar la caja de alguien querido.

Siempre me he considerado más sentimental que la mayoría de mis amigos, sin embargo no es porque la gente no lo sea, sino que siempre tengo este tipo de conceptos en la cabeza, en pocas palabras hay un chip que nunca se apaga en mí que le da el valor a las personas y que no me permite, por ejemplo, despedirme sin que mi última frase sea “te cuidas” o “un abrazo” ya que por más enojado que uno pueda estar, tiene que cuidar siempre sus últimas palabras.

Sin embargo, ese chip que uno tiene activado desde siempre, en las otras personas necesita un detonante, como lo es por ejemplo que alguien se vaya por alguna temporada.

Y es un sentimiento, para el que lo carga siempre, muy bonito por que sientes que por unos momentos todo mundo está en sintonía y sienten lo mismo que tú sientes todos los días por ellos.

No puedo explicar la alegría que se siente saber que durante esa noche, tus amigos también recuerdan todo lo que han vivido juntos y tenían parte de ese chip.

Había lapsos durante la noche que prefería quedarme callado y simplemente verlos como se reían, bromeaban y agarraban cura, no necesitaba hablar, simplemente me gustaba ver el ambiente que se formó.

Yo siempre traigo en mi memoria que con más de la mitad fácilmente hemos salvado el pellejo en cosas que después no nos podemos explicar, como choques donde sin deberla ni temerla “frenamos en el momento exacto”.

O aquella vez que unos buchones borrachos nos cerraron el camino y nos bajaron del carro por que “nos confundieron”.

O la vez que la gente de Obregón se metió con nosotros después del partido de Play-Off (3 contra toda la sección numerada alta) o cuando estuvimos en medio de dos peleas en menos de media hora durante un partido de futbol en Guadalajara.

Son muchas coincidencias, muchos “casi”, “por un pelo”, “no sé como salimos” “qué hubiera pasado”.

Todas estas cosas y esos momentos duros son los que te vienen a la cabeza cuando estas sumergido en problemas sin importancia. Son las cosas que hacen valer una amistad.

Son esas cosas que te dan permiso para decirles hermanos a los que todo mundo llama “compas” esas cosas que hacen cruzar la línea de la amistad que encuentras en la escuela o en la vagancia y que las transforman en amistades de vida.

Para terminar, esa alegría que siento en este momento, fue porque esa noche sentí la conexión que difícilmente se logra todos los días.

Esa noche todos tenían ese chip que cargo siempre en mi conciencia, cada abrazo fue real y sentí en verdad como me quedaba con una parte de cada uno de ellos cuando me deseaban suerte.

Toda esa alegría que cargo en este momento fue inyectada por cada uno de ellos, y cuando los vi dar la vuelta a la calle o arrancar sus carros, lo único que pensé fue: “ojala esa alegría me alcance para llegar a París”

Un abrazo a todos y mucha suerte

2 comentarios:

  1. pues yo no estuve ahí, pero igual te deseo mucha suerte we, aunque no lo creas, me ayudaste un chingo compa, cuidese mucho! nos vemos en un futuro ^^!

    ResponderEliminar
  2. poes yo tampoco estuve en tu despedida...
    pero si te di tu abrazo con todo y la influenza jajaj
    y fue de verdad =)
    te mando un abrazo virtualmente desde mi casa xD
    te cuidas mucho por aya y sigue saliendo de tus problemas aunque sea "por un pelito" jajja
    te queremos completito para cuando vuelvas xD
    cuidate =)

    ResponderEliminar